Carlos (II)

Dices que no sabes qué hacer, y que por eso me preguntas. Crees que es una decisión importante y temes equivocarte y, como consecuencia, lamentarlo siempre. Bien... supongo que nunca te he contado tu historia, el porqué estás tú aquí, así que lo haré ahora. Espero que te ayude.

Tu madre era muy joven en aquellos días, yo diría que una niña aún en muchos aspectos. Era joven y guapa, muy guapa, con ese tipo de belleza que no es tan evidente en una foto pero que es capaz de hipnotizarte cuando sientes su presencia y te envuelve toda la alegría y la dulzura que flota a su alrededor. Me imagino que eso será lo que algunos llaman "aura", no lo sé, pero en su caso era algo casi palpable, tal era la intensidad que tenía para quienes tuvimos la suerte de tenerla cerca.
El día que conoció a tu padre ella regresaba del mercado disfrutando del viento fresco de un precioso día de otoño, cuando vio al hombre que vivía en el piso que estaba justo sobre el suyo peligrosamente asomado a la ventana. Tenía una postura extraña y ella tardó unos segundos en entender que se encontraba sentado sobre la repisa, agarrado al mundo con una sola mano mientras se balanceaba lentamente cogiendo fuerzas para lanzarse al vacío. Ella gritó instintivamente, le suplicó que esperase, "solo un momento", le dijo, y corrió a llamar al servicio de urgencias. Fue precisamente tu padre quien acudió, con su uniforme azul y su presencia imponente, fue él quien rescató al pobre y aturdido vecino, y también fue él, como no, quien ayudó a tu madre a recoger su compra esparcida por el suelo gris del parque que tienes frente a tu casa.
El vecino, que nunca encontró la manera de agradecerles lo suficiente su auxilio de aquella mañana de locura, no faltó a su boda, y les enseñó con lágrimas en los ojos su mejor tesoro: una foto arrugada en la que aparecía él, sonriente y feliz, abrazando a su esposa y a su pequeña hija, ambas con los mismos ojos negros y traviesos, a quienes había perdido en un accidente unos meses atrás. Se abrazó a ellos diciéndoles que había sentido la felicidad de "sus chicas" al saber que seguía vivo, y que ellos serían desde entonces quienes siguiesen con su sueño de fundar una familia y dejar una huella en este mundo de algo que mereciese realmente la pena.

Sólo dos años después, como ya sabes, tu padre salió a trabajar en su ambulancia (seguía tan joven y tan imponente) justo el mismo día que una mujer perdía el conocimiento al volante de su todo-terreno en medio de la autopista, yendo a chocar de frente con él y arrebatándonos para siempre la alegría de tenerle a nuestro lado.
Tu madre estaba embarazada, y cuando, destrozada, ya había pedido vez en una clínica para desprenderse de ese pequeño ser que estaba segura de no ser capaz de cuidar como se merecía, su vecino de arriba, como si algo hubiese adivinado, le deslizó por debajo de la puerta aquella foto de su familia, la foto que representaba todas las ilusiones y las esperanzas de aquellos que ya no estaban, pero que un día habían sido jóvenes, guapos, y de carne y hueso, y habrían deseado que todo hubiese salido de otra forma.

Ya te imaginarás que aquello tuvo su efecto. Después de llorar amargamente un buen rato, tu madre cogió con decisión el teléfono y anuló su cita. Siguió valientemente con su embarazo, y lloró otra vez de alegría inmensa y de terrible dolor el día que naciste. Y te llamó Carlos, como se llamaba tu padre y como se llamaba también, curiosamente, aquel vecino de arriba.

No sé si habrás entendido por qué te cuento esto ahora, ni qué tiene que ver con la decisión que hoy tienes que tomar. Lo que quiero decirte es que escojas sin preocupación, puesto que eres libre de decidir lo que quieras, y sea lo que sea lo que hagas al final seguro que siempre habrá alguien a quien pueda servirle de algo, alguien que pueda recoger para sí los frutos de tu paso por este mundo, de cada cosa que decidas hacer.
No vivimos sólo para nosotros, Carlos. Vivimos para todos, no lo olvides.

Comentarios

Scout Finch ha dicho que…
"Vivimos para todos". Cómo me gusta esa frase. Lo que no sé es si a un suicida le puede servir de algo.

(Me ha encantado, sobre todo esta segunda parte).
Rocío Rico ha dicho que…
Aún hay más... ("no se vayan todavía", jejeje).

Esto iba por Mega ;-)

Nunca se sabe lo que le puede servir a alguien que está pensando quitarse la vida. A veces buscas la frase adecuada y no das con ella, y de repente dices la cosa más simple que se te pasa por la cabeza y ¡zas! diste en el clavo.

En este caso, a ver si a Carlos le sirve el hecho de pensar que su vida, y todo lo que haga en ella, repercute en los demás, que tiene importancia, y, según para quien, es incluso imprescindible.
Gemma ha dicho que…
A mí también me ha gustado mucho el remate del relato, coincido con Scout. Las dos frases finales son decisivas, así que paso a copiar la frase anterior antes de que alguien se me adelante (jeje):

"No vivimos sólo para nosotros, Carlos".

¿Para cuándo la tercera parte? :-)
Anónimo ha dicho que…
Duro, tierno, y terrible a la vez. Espero ansiosa la tercera parte...
Supongo que un suicida piensa que su vida no merece la pena, ni para él, ni para los demás. No sé, es difícil saberlo. En cualquier caso, la historia te está quedando genial, y, aunque repito lo que ya han mencionado los demás, las últimas frases son de premio...
Freia ha dicho que…
Yo también espero la tercera o hasta la cuarta o quinta parte. Me gustan los bucles de tu texto: este Carlos nació del intento de suicidio de aquel otro. De la mayor esterilidad y la desesperación por la muerte de los que queremos, puede nacer la vida. Por eso me gusta tanto ¡Qué bello es vivir! Pregúntale a tu Carlos de ahora, el que compró las pastillas qué hubiera sido de los que le rodean si él no hubiese existido nunca. En parte lo has contestado ya. Un abrazo Leg

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