El corazón no tiene domingos (leída en RELATIVAMENTE)

“Lloro mucho los domingos”, me dijiste, torciendo el gesto y con la mirada fija en los granos de azúcar que se habían caído sobre la mesa. Con el dedo corazón, en ese pequeño desierto de azúcar dibujaste eso, un corazón. Tus palabras me sonaron a excusa. Después sólo añadiste: “Este café está frío”, y chasqueaste la lengua mientras el camarero que olía terriblemente a sudor paseaba su cuerpo-mofeta alrededor de nuestra mesa y nos cambiaba el cenicero lleno de servilletas de papel hechas pelota, como nubes de tormenta.

(Continúa AQUÍ)

Comentarios

Marta ha dicho que…
Muchas gracias por pasarte por mi blog y, además, colgar esto en el tuyo. Un saludo.
Rocío Rico ha dicho que…
Gracias a ti por compartir textos como este.
;-)

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